Puerto Madryn, fue el primer refugio que los combatientes encontraron al volver de Malvinas
El veterano unió el recibimiento que encontró al bajar del Canberra con la tarea que hoy sostiene en escuelas, museos y un libro pensado para las nuevas generaciones.

Puerto Madryn reapareció en el relato de Gustavo Tellini como mucho más que un punto del mapa o una escala del regreso. En la entrevista concedida a #LA17 en “El Quinto Poder”, el veterano volvió sobre ese momento en que los soldados bajaron del Canberra sin saber bien qué les esperaba y se encontraron con una ciudad que los recibió con afecto. En su reconstrucción, ese gesto no quedó como una imagen congelada del pasado, sino como el primer sostén emocional después de la guerra y como una escena que todavía ordena buena parte de su memoria.
Tellini remarcó que la relación entre Malvinas y Puerto Madryn tiene un espesor singular porque fue esta ciudad la que quedó unida a uno de los instantes más delicados de la posguerra. “Malvinas acá en Puerto Madryn tiene una connotación increíble, ya que fue la ciudad que recibió a los veteranos de guerra cuando llegamos en el Canberra”, señaló. Y enseguida le puso dimensión humana a ese momento al recordar que la ciudad, con apenas unos 8.000 habitantes en aquel tiempo, “nos dio su afecto” en un contexto donde los soldados no tenían ninguna certeza sobre cómo iban a ser recibidos al volver al continente.
Esa incertidumbre fue uno de los puntos más fuertes de su testimonio, porque explicó que durante la navegación lo que predominaba era el desconcierto. “No sabíamos qué reacción iba a tener” la gente, resumió, después de contar que incluso les había llegado la versión de que Galtieri no quería que los veteranos pisaran suelo argentino. En ese clima, el arribo a Madryn se convirtió en un quiebre afectivo inesperado: “Lo que el gesto que tuvo la gente de Madryn es algo, como te dije, queda grabado a fuego”, afirmó, y agregó que esas escenas “no las podés omitir dentro de un relato” porque fueron “el primer cobijo que se tuvo”.
El veterano reconstruyó además el contraste entre la devastación con la que venían y la reacción que encontraron en la costa chubutense. Habló de “una tropa desmoralizada, una tropa hambreada”, que arrastraba miedo, cansancio y una carga anímica muy pesada después del conflicto. Por eso tomó tanta fuerza la imagen de la ciudadanía rompiendo las vallas para acercarse: “la ciudadanía salió y había valla y la tiraron a la mierda, perdón el término”, dijo Tellini, en una frase que, más allá de la crudeza, condensó el valor emocional de aquel recibimiento.

Aunque él no fue de los soldados que terminaron alojados por vecinos en sus casas, porque apenas bajó lo subieron a un camión y siguió rumbo a Trelew, también dejó en claro que esa diferencia logística no alteró el sentido profundo de lo vivido. Recordó que la distribución de los excombatientes dependía del sector del barco desde el que descendían, pero que el impacto de la bienvenida fue común. Esa parte del relato volvió a mostrar por qué Madryn conserva un lugar tan potente dentro de la memoria de muchos veteranos: no sólo por haber sido el puerto de llegada, sino por haber ofrecido una reacción que ellos no esperaban.
La entrevista avanzó luego hacia el recorrido personal que llevó a Tellini a la guerra y ahí apareció otro registro, menos vinculado al símbolo y más a la ruptura biográfica. Contó que ya estaba trabajando cuando recibió, el 9 de abril de 1982, una carta de citación que lo obligó a presentarse de nuevo, después de haber cumplido el servicio militar tras pedir prórroga para terminar la secundaria. “Ni soñabas con que se venía la guerra”, le plantearon en la charla, y él respondió en la misma dirección al explicar que recién el 14 de abril, cuando subieron a micros y camiones, supieron que el regimiento iba a Malvinas.
Ya en las islas, el relato se volvió más áspero y concreto. Tellini explicó que había hecho tareas administrativas en el regimiento, pero que terminó dentro de una sección de mortero pesado del Regimiento 7, manipulando elementos que hasta entonces prácticamente desconocía. Recordó la llegada con aguacenieve, la noche al intemperie y una primera impresión muy directa: “La primera sensación fue la miércoles, dónde estoy”, con “ropa que no era la adecuada” y con todo lo que ya se sabe del frío, el hambre y la precariedad. Más adelante describió el trabajo de esa sección como una tarea hecha con limitaciones evidentes: “Hicimos lo que pudimos con lo que teníamos”, resumió al referirse a las dificultades para operar los morteros sobre un terreno que se hundía.
Puerto Madryn, fue el primer refugio que los combatientes encontraron al volver de Malvinas
El veterano unió el recibimiento que encontró al bajar del Canberra con la tarea que hoy sostiene en escuelas, museos y un libro pensado para las nuevas generaciones.
Puerto Madryn reapareció en el relato de Gustavo Tellini como mucho más que un punto del mapa o una escala del regreso. En la entrevista concedida a #LA17 en “El Quinto Poder”, el veterano volvió sobre ese momento en que los soldados bajaron del Canberra sin saber bien qué les esperaba y se encontraron con una ciudad que los recibió con afecto. En su reconstrucción, ese gesto no quedó como una imagen congelada del pasado, sino como el primer sostén emocional después de la guerra y como una escena que todavía ordena buena parte de su memoria.
Tellini remarcó que la relación entre Malvinas y Puerto Madryn tiene un espesor singular porque fue esta ciudad la que quedó unida a uno de los instantes más delicados de la posguerra. “Malvinas acá en Puerto Madryn tiene una connotación increíble, ya que fue la ciudad que recibió a los veteranos de guerra cuando llegamos en el Canberra”, señaló. Y enseguida le puso dimensión humana a ese momento al recordar que la ciudad, con apenas unos 8.000 habitantes en aquel tiempo, “nos dio su afecto” en un contexto donde los soldados no tenían ninguna certeza sobre cómo iban a ser recibidos al volver al continente.
Esa incertidumbre fue uno de los puntos más fuertes de su testimonio, porque explicó que durante la navegación lo que predominaba era el desconcierto. “No sabíamos qué reacción iba a tener” la gente, resumió, después de contar que incluso les había llegado la versión de que Galtieri no quería que los veteranos pisaran suelo argentino. En ese clima, el arribo a Madryn se convirtió en un quiebre afectivo inesperado: “Lo que el gesto que tuvo la gente de Madryn es algo, como te dije, queda grabado a fuego”, afirmó, y agregó que esas escenas “no las podés omitir dentro de un relato” porque fueron “el primer cobijo que se tuvo”.
El veterano reconstruyó además el contraste entre la devastación con la que venían y la reacción que encontraron en la costa chubutense. Habló de “una tropa desmoralizada, una tropa hambreada”, que arrastraba miedo, cansancio y una carga anímica muy pesada después del conflicto. Por eso tomó tanta fuerza la imagen de la ciudadanía rompiendo las vallas para acercarse: “la ciudadanía salió y había valla y la tiraron a la mierda, perdón el término”, dijo Tellini, en una frase que, más allá de la crudeza, condensó el valor emocional de aquel recibimiento.
Aunque él no fue de los soldados que terminaron alojados por vecinos en sus casas, porque apenas bajó lo subieron a un camión y siguió rumbo a Trelew, también dejó en claro que esa diferencia logística no alteró el sentido profundo de lo vivido. Recordó que la distribución de los excombatientes dependía del sector del barco desde el que descendían, pero que el impacto de la bienvenida fue común. Esa parte del relato volvió a mostrar por qué Madryn conserva un lugar tan potente dentro de la memoria de muchos veteranos: no sólo por haber sido el puerto de llegada, sino por haber ofrecido una reacción que ellos no esperaban.
La entrevista avanzó luego hacia el recorrido personal que llevó a Tellini a la guerra y ahí apareció otro registro, menos vinculado al símbolo y más a la ruptura biográfica. Contó que ya estaba trabajando cuando recibió, el 9 de abril de 1982, una carta de citación que lo obligó a presentarse de nuevo, después de haber cumplido el servicio militar tras pedir prórroga para terminar la secundaria. “Ni soñabas con que se venía la guerra”, le plantearon en la charla, y él respondió en la misma dirección al explicar que recién el 14 de abril, cuando subieron a micros y camiones, supieron que el regimiento iba a Malvinas.
Ya en las islas, el relato se volvió más áspero y concreto. Tellini explicó que había hecho tareas administrativas en el regimiento, pero que terminó dentro de una sección de mortero pesado del Regimiento 7, manipulando elementos que hasta entonces prácticamente desconocía. Recordó la llegada con aguacenieve, la noche al intemperie y una primera impresión muy directa: “La primera sensación fue la miércoles, dónde estoy”, con “ropa que no era la adecuada” y con todo lo que ya se sabe del frío, el hambre y la precariedad. Más adelante describió el trabajo de esa sección como una tarea hecha con limitaciones evidentes: “Hicimos lo que pudimos con lo que teníamos”, resumió al referirse a las dificultades para operar los morteros sobre un terreno que se hundía.
Uno de los pasajes más intensos de la entrevista llegó cuando habló del final de la guerra. Allí no se detuvo tanto en el dato militar de la rendición como en la imagen simbólica que todavía lo golpea. “A mí lo que me impactó fue ver arriar la bandera argentina y que izen la británica. Eso me partió”, dijo, y enseguida vinculó esa escena con el costo humano del conflicto. Mencionó que su regimiento fue el que tuvo la mayor cantidad de bajas en toda la guerra, con 36 caídos, la mayoría en Monte Longdon, y puso en palabras una herida que todavía sigue abierta: “Tanto sacrificio” frente a una guerra que dejó secuelas, muertos y preguntas que no cierran del todo.
El foco de la charla no quedó limitado a la guerra y al desembarco, porque Tellini también se metió en la posguerra y en el abandono que sintieron muchos veteranos después de volver al continente. En ese punto ligó el afecto popular con la desatención estatal y dejó una reflexión muy dura. “El estado envía, después se desentiende”, dijo, antes de remarcar que buena parte de los logros posteriores, como leyes o pensiones, no salieron de una iniciativa espontánea de los gobiernos sino de la pelea sostenida por los propios centros de veteranos. Esa mirada la reforzó con una experiencia vivida en 1993, cuando viajó junto a cinco compañeros a Inglaterra y advirtió que, a once años del conflicto, ni siquiera tenían posibilidad de volver a visitar a sus muertos en las islas.

Esa parte del relato se enlazó con otro tema sensible: la posibilidad de regresar a Malvinas. Tellini admitió que le surgen ganas de volver, pero puso un límite que para él no es negociable. “Yo en mi país el pasaporte no lo presento”, afirmó, marcando una postura que, según dijo, también comparten otros excombatientes. No lo planteó como una condena a quienes sí eligen viajar, pero sí como una frontera íntima ligada al juramento a la bandera y al costo personal y colectivo de aquella guerra.
La conversación tomó otro tono cuando se metió en el presente y en el trabajo silencioso que muchos veteranos vienen haciendo en las escuelas. Tellini habló de ese vínculo con los chicos como una de las experiencias más valiosas de estos años. Recordó que al principio eran vistos como “los loquito de la guerra”, en un contexto donde ni ellos mismos tenían herramientas pedagógicas formales para contar lo vivido, pero sostuvo que la experiencia fue transformándose con el tiempo. Lo que hoy percibe en cada charla no es admiración, según aclaró, sino algo que para él vale incluso más: “Yo siento respeto. Yo siento respeto”.
En esa misma línea presentó el proyecto que ahora lo tiene trabajando en un libro, “El legado infinito”, una iniciativa que busca que Malvinas no quede atrapada en la fecha ni en la memoria de quienes la vivieron en primera persona. “Malvinas ocurrió en 1982, es contemporánea, pero tiene que seguir trascendiendo porque las generaciones que vengan no van a conocer y nosotros tenemos que trabajar”, explicó. A partir de ahí enlazó ese objetivo con una observación muy precisa sobre Puerto Madryn: “Hoy acá el nene de jardín sabe lo que es Malvinas”, dijo, convencido de que en esta ciudad la causa forma parte del ADN colectivo de una manera que no se repite igual en todos lados.
El libro, además, no aparece como un proyecto individual en sentido estricto. Tellini contó que lo acompañan una profesora de educación inicial, un profesor de informática local, colaboradores que aportaron fotos y hasta un chico de 11 años que le regaló una pintura. “Ese gesto hoy es la tapa del libro”, dijo, al narrar cómo una muestra de afecto infantil terminó convertida en la imagen principal de la obra. Y esa misma dimensión comunitaria volvió a aparecer cuando relató que otra reproducción de esa imagen quedó enmarcada para integrar el museo de González Chávez, en la provincia de Buenos Aires, después de una experiencia de charlas que ayudó a que esa comunidad embanderara su 2 de abril.

También hubo espacio para hablar del museo de Malvinas en Puerto Madryn, un punto que Tellini valoró especialmente. Dijo que para él era “la frutilla del postre” porque la ciudad “tiene todo”, pero que el museo era “el elemento que faltaba para que cualquier persona que transite la ciudad pueda conocer parte de la historia de Malvinas”. Esa definición no quedó desligada del acompañamiento institucional local, al que reconoció como importante, aunque siempre desde una advertencia de fondo: los mandatos políticos pasan, pero los veteranos siguen cargando su condición desde 1982 hasta el final de sus vidas.
Tellini dejó una idea que atravesó toda la entrevista y que funcionó como hilo conductor entre el recibimiento de Madryn, la guerra, la posguerra, las escuelas, el libro y los museos. “Ese es el legado”, repitió, al explicar que la tarea de los veteranos no consiste sólo en recordar lo que les pasó, sino en dejar argumentos, testimonios y materiales para quienes vienen detrás. En ese mismo tono agradeció a los periodistas por el espacio y les dijo que ellos también forman parte de esa transmisión: “ustedes también, como periodistas, forman parte del legado, porque si no ustedes no trascenderían ciertas cosas”. Así, la visita a #LA17 terminó siendo mucho más que una entrevista conmemorativa: fue una nueva forma de afirmar que, para Gustavo Tellini, la memoria de Malvinas sigue viva cuando encuentra una comunidad dispuesta a escucharla, sostenerla y pasarla a otros.
Descubrimiento de la imagen, realizada por Uriel Quiroz Contreras de Juan E. Barra, que representará el libro «Legado Infinito» realizado por Gustavo Tellini, libro realizado con el fin de mantener viva la memoria de Malvinas.
https://www.facebook.com/watch/?v=2444139382666223

ADOLFO GONZALES CHAVES CONMEMORÓ EL DÍA DE MALVINAS CON ACTOS EN TODO EL DISTRITO
En el marco del 44° aniversario de la Gesta de Malvinas, el distrito de Adolfo Gonzales Chaves llevó adelante una serie de actividades conmemorativas que convocaron a la comunidad en distintos puntos, reafirmando el compromiso con la memoria, el respeto y el reconocimiento a los Veteranos y Caídos en el Atlántico Sur.
El miércoles 1 de abril se realizó el acto centralizado de Educación en la Escuela Técnica Nº1, donde se inauguró un mural colectivo elaborado con la técnica de mosaiquismo. La obra, cargada de simbolismo, fue acompañada por el testimonio de un veterano de guerra proveniente de Tres Arroyos, quien compartió su experiencia en un emotivo encuentro con estudiantes y docentes.
Ya en la mañana del 2 de abril, vecinos, autoridades y alumnos se congregaron en Gonzales Chaves para participar del acto central conmemorativo. La ceremonia se desarrolló en un clima de profundo respeto, teniendo como eje el izamiento de la Bandera Nacional, símbolo de soberanía por el que tantos argentinos dieron su vida.
El acto contó con la presencia de la intendente municipal Lucía Gómez y del presidente de VE.CO.SE, Jorge Muñoz, quienes encabezaron el protocolo oficial, acompañado por un sentido silencio que reflejó el homenaje colectivo hacia los ex combatientes.
Por la tarde, la localidad de De la Garma también fue escenario de un acto oficial realizado en el Centro Cultural. Allí hicieron uso de la palabra Jorge Muñoz y la intendente municipal, y se concretó un contacto en vivo con el veterano de guerra Gustavo Tellini, desde Puerto Madryn, generando un momento de gran emoción entre los presentes.
En ese marco, además, quedó inaugurada una muestra itinerante sobre Malvinas, que permanecerá abierta durante todo el mes de abril para que vecinos y vecinas puedan recorrerla y seguir fortaleciendo la memoria colectiva.
De esta manera, el distrito vivió dos jornadas de profundo sentido patriótico, donde la comunidad se unió para recordar, reflexionar y mantener viva la historia de quienes defendieron la soberanía nacional.


A 44 años de Malvinas: memoria, homenaje y comunidad
En nuestras comunidades, los héroes no están lejos: viven entre nosotros.
Son vecinos, tienen nombre propio y forman parte de una historia que compartimos.
A 44 años de la Guerra de Malvinas, te invitamos a acompañar y ser parte de las actividades conmemorativas:
1 de abril
Acto oficial en la EET N° 1 (Chaves)
2 de abril
10:00 hs – Izamiento del Pabellón Nacional en la Plazoleta Malvinas (Chaves)
18:00 hs – Acto oficial en De La Garma (Víctor H. Barrera y San Martín)
18:30 hs – Conexión en vivo con el veterano Gustavo Tellini desde Puerto Madryn
18:45 hs – Inauguración del Museo Itinerante “Malvinas”
Durante toda la semana, el Jardín N° 904 junto a VECOSE invitan a llenar de banderas cada hogar y cada comercio.
Sumate con la tuya y hagamos visible este abrazo colectivo a nuestros héroes.
Podés enviar tu foto al 2983 651786.
Que el paso del tiempo no borre lo que ellos escribieron con su vida.


Entre recuerdos y ausencias, nace un libro para no dejar caer la memoria
Lejos de una fecha puntual o de un acto conmemorativo, la iniciativa nació de una inquietud concreta: la falta de conocimiento sobre la guerra de Malvinas en distintos puntos del país. Esa observación llevó al veterano Gustavo Tellini a impulsar un proyecto que ahora toma forma de libro y que busca llegar a lectores de todas las edades con un enfoque directo y sin intermediarios.

El trabajo se titula “El legado infinito” y todavía está en construcción, aunque ya tiene definido su objetivo principal: convertirse en una herramienta accesible para docentes, estudiantes y público general. Según explicó Tellini, la idea surgió luego de una experiencia en una localidad rural bonaerense, donde advirtió una distancia marcada entre lo que se vive en la Patagonia y otras regiones.
“Hay mucha gente que no sabe absolutamente nada de Malvinas”, planteó, al comparar esa realidad con lo que ocurre en ciudades como Puerto Madryn, donde el tema forma parte de la vida cotidiana. “Acá los chicos desde el jardín de infantes ya huelen Malvinas, respiran Malvinas”, agregó, al remarcar el vínculo cultural que existe en la región.
El libro se construye de manera colectiva. Tellini trabaja junto a una docente de nivel inicial, un profesor de informática y un niño que incluso aportó una imagen clave para la tapa. Ese cruce generacional no es casual: la intención es que el contenido trascienda el relato individual y se proyecte hacia quienes no vivieron el conflicto.
En ese sentido, el veterano subrayó que el eje central será la narración en primera persona. “Lo más importante de todo contado en primerísima persona”, afirmó, en referencia a la posibilidad de transmitir vivencias propias frente a los relatos más tradicionales de los manuales. El proyecto también incluirá material visual. Entre unas 3.000 fotografías revisadas, habrá imágenes conocidas y otras inéditas, incluso tomadas por soldados británicos. La selección busca ofrecer una mirada más amplia del conflicto, siempre desde el respeto por quienes participaron y por quienes no regresaron.
“Esto también es trascender y dar herramientas a las generaciones”, sostuvo Tellini, quien planteó el libro como una forma de continuidad. La obra será de acceso gratuito a través de una página web, con la intención de que pueda consultarse en cualquier momento y desde cualquier lugar.
La elección del título no fue casual. “No me costó, porque nosotros un par de años más y no estamos”, expresó, al explicar que la idea de legado surge de una mirada sobre el paso del tiempo y la necesidad de dejar testimonio. En esa línea, comparó el proyecto con una “cápsula” que permita sostener la memoria en el futuro.
El lanzamiento no tiene fecha definida, aunque ya existe un sitio en desarrollo donde se anticipan algunos contenidos. Mientras tanto, el trabajo continúa sumando aportes y ajustando detalles, con la expectativa de consolidarse como un recurso educativo y testimonial. En paralelo, Tellini volverá a participar de las actividades por el 2 de abril en la región, un espacio donde el recuerdo se mezcla con nuevas formas de expresión. Allí, como en el libro, la apuesta apunta a lo mismo: mantener viva la historia desde quienes la vivieron.
Rumbo al 2 de abril: Gustavo Tellini y la memoria de Malvinas
En el marco de las actividades rumbo al Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, recibimos la visita de Gustavo Tellini, Veterano de Guerra de Malvinas, con quien conversamos sobre la importancia de mantener viva la memoria, el reconocimiento a los combatientes y el significado que tienen estas fechas para quienes formaron parte de la historia.
Un excombatiente de Malvinas recorre escuelas y prepara un libro para dejar su historia
Gustavo Tellini participa de actividades en Puerto Madryn por el 2 de abril y trabaja en un proyecto digital para transmitir su experiencia.

Las aulas se transforman en espacios de memoria cuando un excombatiente toma la palabra y reconstruye, desde su propia vivencia, lo ocurrido en Malvinas. En Puerto Madryn, esa tarea se repite en la previa del 2 de abril con charlas destinadas a estudiantes, donde el objetivo no es solo contar, sino dejar una marca en las nuevas generaciones.
En ese marco, el excombatiente Gustavo Tellini participa de encuentros educativos y actividades conmemorativas en la ciudad, donde comparte su experiencia personal y reflexiona sobre el paso del tiempo y el lugar de la memoria en la sociedad. La iniciativa busca acercar el conflicto a quienes no lo vivieron.
Durante una entrevista en el programa MODO 17 de #LA17, Tejani explicó el sentido de estas acciones y el valor de transmitir lo vivido. “Uno desde su memoria, desde su historia personal transmite legado”, expresó al referirse al vínculo que se genera con los estudiantes.
El recorrido incluye visitas a distintos niveles educativos, desde jardines de infantes hasta escuelas secundarias, donde el intercambio con los más chicos adquiere un valor particular. “Ayer fuimos a un jardín de infantes y los chicos con una emoción terrible preguntaban y ahí es donde hay que apuntar”, sostuvo.
En paralelo, el excombatiente avanza en un proyecto personal que busca dejar su testimonio de forma accesible. Se trata de un libro digital que estará disponible de manera gratuita y que reunirá relatos, imágenes y una narrativa centrada en su experiencia directa durante la guerra.
La obra llevará el nombre “El legado infinito” y se publicará en formato web para facilitar su difusión. Según explicó, la decisión de evitar una edición impresa responde tanto a los costos como a la intención de llegar a más personas sin limitaciones de acceso.
El proyecto cuenta con la colaboración de docentes y profesionales de distintas áreas, además de aportes locales en el desarrollo visual. Incluso, la tapa del libro fue realizada por un niño de 11 años, lo que refuerza el vínculo entre generaciones que atraviesa toda la iniciativa.
Tellini también remarcó el impacto que tuvo el paso del tiempo en quienes participaron del conflicto. “Para los que todavía seguimos, nos regaló vida”, afirmó al reflexionar sobre la posguerra y las dificultades que debieron atravesar los excombatientes.
En ese sentido, planteó que la memoria no se sostiene solo en fechas conmemorativas, sino en acciones concretas que mantengan viva la historia. Entre ellas, mencionó campañas para que la comunidad acompañe con gestos simbólicos durante el 2 de abril.
Además, señaló que aún persisten problemas vinculados al reconocimiento y a la representación de los excombatientes. “Hay mucha persona aún que desconoce qué fue Malvinas”, advirtió al referirse a la necesidad de profundizar el trabajo educativo.
La historia de Gustavo, el veterano de Malvinas que participará en el Vía Crucis Submarino de Madryn
Por primera vez, un excombatiente se sumará como buzo a la emblemática ceremonia submarina en el Golfo Nuevo. Gustavo Tellini, buzo aficionado y veterano del Regimiento 7 de La Plata, participará con un tanque personalizado como homenaje a sus compañeros y en un acto de profunda fe.
miércoles 16 de abril de 2025

En esta semana santa, se llevara cabo el tradicional Vía Crucis Submarino en Puerto Madryn. Sin embargo contará por primera vez con la participación como buzo de un excombatiente de la Guerra de Malvinas. Se trata de Gustavo Alejandro Tellini, que es buzo aficionado desde hace ocho años.
El veterano de guerra, aseguró que “la ligazón que tengo con Madryn es muy fuerte”. En tanto, todo comenzó en pleno conflicto bélico, cuando llegó al puerto de la ciudad, en el buque Canberra junto a cientos de compañeros y fue el vínculo que lo une hasta el día de hoy.

El hombre habló con la prensa y contó que vive en la ciudad de Temperley, Buenos Aires, sin embargo viene seguido a la zona. En ese marco, sostuvo que una vez observó la transmisión de este importante evento para la iglesia católica y en una de sus visitas a localidad chubutense, lo presentó como una idea y “me dijeron que sí, que era muy buena”
En tanto, el entusiasmo de los organizadores dio lugar a una preparación especial, que incluye un tanque de buceo personalizado por él mismo, con el emblema de Malvinas y el logo del Regimiento 7 de La Plata, su unidad.
“Uno lo puede ver desde el lado del buceo, pero sin dejar de lado la razón cristiana, que la tengo”. De esta manera, su participación simboliza no solo una ofrenda de fe, sino también un acto de memoria activa y de profundo reconocimiento a quienes vivieron la guerra desde el frente.

EL RECORRIDO DEL VÍA CRUCIS
Desde 2014, esta procesión cuenta con la bendición del Papay se trata de un evento único en el mundo. La ceremonia se inicia en la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús y prosigue con una caminata hasta el Muelle «Comandante Luis Piedra Buena», donde la cruz es entregada a buzos y kayakistas que la acompañan en su descenso a las aguas del Golfo Nuevo.
Durante la inmersión, las estaciones del Vía Crucis se retransmiten bajo el agua mediante un hidrófono, mientras en la costa los fieles iluminan el entorno con velas encendidas, creando un clima de gran espiritualidad y unión. La edición número XXI de esta celebración especial se realizará el 18 de abril y busca, una vez más, convocar a residentes y turistas en un encuentro de fe, emoción y respeto por el entorno natural.
Con información de El Diario Chubut, redactada y editada por un periodista de ADNSUR
La emoción de Gustavo Tellini, ex combatiente de Malvinas y buzo del vía crucis submarino: «Vamos a seguir Malvinizando. La fé, la Patria y Malvinas», sostuvo.
Gustavo Tellini, veterano de Malvinas: “Nuestro legado es la palabra”

A veces los viajes tienen destino propio, y otras veces uno simplemente sigue una señal. Así llegó Gustavo Alejandro Tellini a Puerto Madryn, con una mochila cargada de memoria, de lucha, y también de ilusión. Veterano de la Guerra de Malvinas, Tellini es uno de los protagonistas que este año participará del Vía Crucis Submarino, una ceremonia única en el mundo que conjuga espiritualidad, homenaje y conciencia colectiva.
El viaje comenzó el 1° de abril en Puerto Pirámides, donde participó de una recreación del histórico desembarco junto a la escuela de buceo “Prócer Divers”. De ahí surgió la posibilidad de sumarse al Vía Crucis en Madryn, una experiencia que lo movilizó desde el primer momento. “Este evento tiene una connotación mundial, es la edición número 21 y cada vez se suma más gente. Está avalado por el Vaticano y tiene una fuerza simbólica muy especial”, cuenta Gustavo.
Su vínculo con Puerto Madryn es profundo: “Desembarqué en el Canberra en el 82, y desde entonces esta ciudad fue siempre un lugar de apego. Es el lugar en el mundo donde quiero terminar mi paso por este plano”.
Como veterano, Gustavo no sólo participa en actos y eventos conmemorativos: también da charlas en escuelas, comparte su testimonio y, sobre todo, insiste en que la guerra no terminó en 1982. “La guerra fue la guerra. El verdadero conflicto vino después, con la posguerra. Ahí es donde muchos quedamos desprotegidos, porque no hay legislación, no hay memoria colectiva que nos incluya”, explica.
Con dolor pero con claridad, señala que muchas veces los gobiernos —a nivel mundial— priorizan la logística del combate pero olvidan lo más importante: el después. “La guerra es un negocio. Es tristeza de ambos lados. Y cuando no se construye memoria colectiva, se pierde el interés social. Nuestro deber ahora es dar testimonio. Porque estamos vivos, porque podemos contar lo que pasó”.
El Vía Crucis Submarino representa para él una nueva forma de seguir malvinizando, de seguir generando conciencia y construyendo presencia desde otro lugar. “Soy buzo recreativo y pensé: ¿por qué no? Es una experiencia distinta, emocionante. No me la quería perder”.
Gustavo reconoce que no todos los excombatientes pueden compartir su experiencia. “No es que no quieren, es que no pueden. Y eso hay que respetarlo. Algunos no pueden hablar del tema, y ahí es donde la contención de la familia y los centros de veteranos se vuelven fundamentales”.
A lo largo de estas jornadas de vigilia por Semana Santa, Gustavo lleva consigo un mensaje claro: “Hay que seguir, seguir, seguir. Hasta que quede el último en pie. Y mientras estemos, vamos a seguir malvinizando. Porque las Malvinas son y serán argentinas, y porque todavía tenemos mucho por decir”.
Con una sonrisa, Gustavo cierra el encuentro con una frase que mezcla humor y convicción: “Estoy como el fernet: 70% emoción, 30% locura. Pero esta causa lo vale. No hay casualidades, hay causalidades. Y esta es una buena causa que alivia el alma”.
Del Canberra al Vía Crucis Submarino: Gustavo Tellini será el primer veterano en participar como buzo de la ceremonia
Gustavo Alejandro Tellini tiene una historia atravesada por el mar, la guerra y un vínculo profundo con Puerto Madryn. Este año, su nombre quedará grabado en la historia del Vía Crucis Submarino de la ciudad: será el primer veterano de Malvinas en sumergirse para formar parte de esta ceremonia única en el mundo.
por REDACCIÓN CHUBUT 01/04/2025
«Nunca supe si esto se iba a poder dar, pero me gustaría hacerlo», confiesa Tellini, que lleva ocho años practicando buceo. Vive en Temperley, Buenos Aires, pero viaja seguido a Madryn, impulsado por un lazo emocional que nunca se rompió. «Tengo amigos, tengo a los veteranos y tengo la pileta grande, que es el Golfo Nuevo», dice con una sonrisa.
Su primer contacto con Madryn fue en 1982, cuando llegó a bordo del buque Canberra junto a cientos de soldados argentinos repatriados tras la guerra. Aquel día, que quedó en la memoria colectiva como «el día que Madryn se quedó sin pan», también marcó su historia personal. «La ligazón que tengo con Madryn es muy fuerte», afirma en diálogo con EL CHUBUT.
Con el tiempo, esa conexión se fue haciendo más profunda. En 2019, estuvo presente en la inauguración del mural en el muelle, un homenaje a los combatientes de Malvinas. «Voy y vengo, pero sé que algún día me voy a quedar por acá. Madryn tiene calidad de vida», dice convencido.
El año pasado, viendo la transmisión del Vía Crucis Submarino, la idea de participar empezó a rondarle en la cabeza. «Cuando viajé a Madryn, lo tiré como idea y me dijeron que sí, que era muy buena», remarca. Los organizadores recibieron la propuesta con entusiasmo y así empezó el camino que lo llevará a sumergirse en esta celebración religiosa y cultural.
La experiencia tiene un doble significado: la fe y el reconocimiento. «Uno lo puede ver desde el lado del buceo, pero sin dejar de lado la razón cristiana, que la tengo», explica. Y, fiel a su historia, decidió personalizar su equipo: «Compré un tanque hace poquito y le estampé algo de Malvinas: el soldado clavando su bandera y el logo del Regimiento 7 de La Plata, mi unidad».
A días del 2 de abril, su participación en el Vía Crucis Submarino se suma a las tantas formas en que Puerto Madryn mantiene viva la memoria de Malvinas. Esta vez, el homenaje llegará desde el fondo del mar.
VIA CRUCIS SUBMARINO TENDRÁ EL PRIMER BUZO EXCOMBATIENTE

