El 2 de abril de 1982, Argentina lanzó la “Operación Rosario”, un desembarco militar en las Islas Malvinas. En pocas horas, las fuerzas argentinas lograron tomar control de la capital, Puerto Argentino, obligando a la guarnición británica a rendirse.
Tras este hecho, fue nombrando como gobernador de la isla el General Mario Benjamín Menéndez.
El Reino Unido, gobernado por la primera ministra Margaret Thatcher, reaccionó de inmediato y organizó una fuerza de tarea naval para recuperar las islas. La respuesta británica incluyó sanciones económicas y la movilización de una gran flota de guerra con más de 100 barcos y 28.000 soldados.
En esta imagen se ve al Gral. Leopoldo Fortunato Galtieri Presidente de facto (gobierno no elegido por el voto popular) y Jefe de las Fuerzas Armadas en la Plaza de Mayo anunciando a la población la recuperación de las islas Malvinas.
El 2 de abril me encontró en mi casa, aún no había recibido ninguna citación, ningún papel que me ordenara presentarme (por ese entonces yo me encontraba trabajando en el Instituto Técnico “San Bonifacio”, colegio industrial de la zona, el cual guardo mi puesto de trabajo hasta regresar de las Islas, quiero resaltar que más allá de haberme guardado el puesto de trabajo me abonó el salario aun estando en Malvinas).
La noticia llegó como llegan los hechos que cambian la historia, de golpe. El día 9 de abril llega a casa de mis padres un “colimba” que vivía a tres cuadras de mi casa en Lomas de Zamora tipo 9 de la mañana, traía una carta de citación (yo había salido en la primera baja en diciembre de 1981), todo fue breve, mis padres se encontraban en la casa junto a mi hermano y mi abuela, a los cuales les conté que tenía que volver al Regimiento.
Había que llevar un par de cosas (ropa interior, abrigo y cosas menores) las cuales las coloqué en un bolso de tela de avión, almorcé algo liviano y me preparé para ir al Regimiento. Tomé el colectivo La Costera que venía desde Morón y tenía dos ramales por Adrogue o por Av. Pasco, de ahí llegué a La Plata, donde tomé otro colectivo que me dejó en la puerta del Regimiento (calle 19 y 51, hoy quedó como una plaza temática y la unidad fue trasladada a Arana).
Una vez llegado me recibe el oficial de servicio, quien me conocía de la instrucción cuando hice la colimba y me dijo “vos venís conmigo” y tu rol de combate va a ser Jefe de Mortero reemplazante, a lo cual la primera pregunta en mi cabeza fue “¿Qué es un mortero? Ni idea tenía de lo que me había dicho, ya que mi estadía en el Regimiento fue dentro de una oficina de finanzas (llevaba la contaduría de los gastos del Regimiento).
Me destinaron a una unidad que no conocía a ninguno de los muchachos, así que tuve que adaptarme y empezar a conocer de qué se trataba todo esto, ya que hablaban de morteros, cañones, bolsones porta equipos, correajes y demás que para mí era todo desconocido.
Luego de la incorporación al Regimiento, hubo visita familiar por un par de horas, vinieron mis padres, hermano y cuñada, compartimos el tiempo que nos permitieron y esa sería la última vez que los vería hasta mi regreso.
La vida en el cuartel seguía, ya en los distintos destinos acomodándonos a la idea de lo que era esa Compañía Comando y sus distintas secciones.
Luego de unos días donde hubo incertidumbre por cómo seguía nuestra estancia en el Regimiento, se vieron caras de preocupación, muy pocas de alegría y varias de sorpresa.
Llegó el momento donde nos informaron que en un par de horas partiría nuestro Regimiento rumbo a Malvinas, eso fue el día 13 de abril, fuimos en micro hasta Base Aérea de El Palomar, luego entre aviones militares y de línea llegaríamos a Río Gallegos, para prontamente en otro vuelo llegar a las Islas Malvinas.
La llegada a las islas no solo significó el inicio de una acción militar, sino también el comienzo de una etapa atravesada por expectativas, incertidumbres y un fuerte sentimiento patriótico.
La recuperación inicial fue rápida, pero abrió paso a un conflicto de mayor escala que transformaría la realidad de quienes participamos y de todo un país.
Así el Operativo Rosario permanece en la memoria colectiva como el momento en que la historia dejó de ser un reclamo diplomático para convertirse en un hecho concreto, cargado de emoción, esperanza y, con el paso del tiempo, de reflexión profunda sobre sus consecuencias.